Para Deleuze y Guattari el arte es una de las vertientes en la que problematizan el concepto de lo nuevo que parecía superado por la posmodernidad. La avidez de lo nuevo, como define Foucault a la modernidad, es retomada por ambos para formular las bases de una ontología basada en ese principio; ¿cómo es posible que el ser se diferencie una y otra vez y se mantenga unívoco? Si bien las hipótesis deleuzo- guattarianas sobre el fundamento del ser se pueden cuestionar, aun así resulta interesante cómo es que vuelven un problema ontológico en una dimensión política y ejemplifican esto precisamente con el arte de cada época pero, sobre todo, de la actual. Desde la literatura de la Rusia zarista en la que se censuraba todo aquello que fuese una crítica a la teología, pero no al sistema político, devino en un arte cumbre cargado de crítica hacia el orden establecido. Así, por ejemplo, también en las revueltas des-colonizadoras de África durante la segunda década del s. XX encabezadas por escritores como Franz Fanon que detallaban la opresión sobre los dominados; todos estos ejemplos de obras de arte (ficción) que contribuyeron a cambiar los discursos que operaban en ese momento. Se delegaron a la tarea de hablar en nombre de los que no podían hacerlo. Así encontramos que las artes han cuestionado los discursos imperantes o mayoritarios, según la terminología de Deleuze, modificando, de manera sutil el discurso; y sin embargo han quedado poco a poco segmentarizadas por los discursos academicistas que las engloban. Tenemos entonces en la actualidad artes que son consideradas menores, pero en las que, quizás, se estén gestando grandes revoluciones del pensamiento.
sábado, 27 de septiembre de 2014
EL ARTE Y LA POLÍTICA. EL PROBLEMA DE LO NUEVO COMO DEVENIR MINORITARIO
Para Deleuze y Guattari el arte es una de las vertientes en la que problematizan el concepto de lo nuevo que parecía superado por la posmodernidad. La avidez de lo nuevo, como define Foucault a la modernidad, es retomada por ambos para formular las bases de una ontología basada en ese principio; ¿cómo es posible que el ser se diferencie una y otra vez y se mantenga unívoco? Si bien las hipótesis deleuzo- guattarianas sobre el fundamento del ser se pueden cuestionar, aun así resulta interesante cómo es que vuelven un problema ontológico en una dimensión política y ejemplifican esto precisamente con el arte de cada época pero, sobre todo, de la actual. Desde la literatura de la Rusia zarista en la que se censuraba todo aquello que fuese una crítica a la teología, pero no al sistema político, devino en un arte cumbre cargado de crítica hacia el orden establecido. Así, por ejemplo, también en las revueltas des-colonizadoras de África durante la segunda década del s. XX encabezadas por escritores como Franz Fanon que detallaban la opresión sobre los dominados; todos estos ejemplos de obras de arte (ficción) que contribuyeron a cambiar los discursos que operaban en ese momento. Se delegaron a la tarea de hablar en nombre de los que no podían hacerlo. Así encontramos que las artes han cuestionado los discursos imperantes o mayoritarios, según la terminología de Deleuze, modificando, de manera sutil el discurso; y sin embargo han quedado poco a poco segmentarizadas por los discursos academicistas que las engloban. Tenemos entonces en la actualidad artes que son consideradas menores, pero en las que, quizás, se estén gestando grandes revoluciones del pensamiento.
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